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Foro Social Mundial: cruces, bifurcaciones y antagonismos
En estos días con singular entusiasmo ha comenzado en Porto Alegre, lo que luego continuará en Salvador de Bahía, como una serie de eventos ligados al Foro Social Mundial y que se prolongarán prácticamente todo el 2010. Entre ellos tendremos el FS México a comienzos de mayo, el FS Estados Unidos en Detroit el 26 de junio, el FS Europa en Estambul a inicios de julio, el FS Américas en Asunción del Paraguay del 11 al 15 de agosto y otra serie innumerable de eventos nacionales y temáticos. Todo ello culminará en enero de 2011 en Dakar, Senegal, con una nueva versión del Foro Social Mundial. Actualmente y simplificando, podemos decir que son diversas las propuestas lideradas por enfoques disímiles que se disputan la orientación del Foro Social Mundial. Unas lo consideran maduro para actuar proactivamente sobre problemas urgentes y para articular sus agendas con los procesos políticos de cambio, en particular en referencia a los gobiernos de izquierda en América Latina, buscando una mayor toma de posición política del FSM; las otras son fieles a los principios autonomistas originales del Foro, entendiéndolo como un “espacio” que incluye toda la diversidad. Es sobre esta dinámica que se están instalando los debates múltiples acerca de las rutas que debe surcar este instrumento de la sociedad civil global. El escenario histórico y en términos de poder en que ocurre esta dinámica es complejo. El capitalismo en el 2010 –pese a la crisis, y tal como lo ha hecho anteriormente-, busca imponer su propio proyecto de salida a dicha crisis. La idea es la de instalar condiciones simbólicas, culturales, de comportamiento, penetrando las formas de vida y modos de consumo que por su carácter global aspiran a imponerse en todo el planeta. En su fase actual, el objetivo esencial del capitalismo es la inserción y sumisión de las clases medias a estas lógicas globalizadas de consumo. Es una manera de dar legitimidad al discurso del crecimiento económico y la acumulación de capital. Foucault calificó hace 30 años a la aplicación e impacto del poder político en todos los aspectos de la vida, como la “biopolítica”. Ello genera además, la obligación para las elites – en particular para las de los países capitalistas del sur- de articular formas eficaces de control social sobre las capas sociales excluidas de los modos de consumo globalizados. La variedad de mecanismos para efectuar esta tarea es amplia, desde la integración simbólica a la modernización urbana de malls y símbolos urbanos, a la de las tarjetas de crédito para el endeudamiento fácil, hasta políticas públicas supletorias. Estas últimas van desde exiguos servicios otorgados por el Estado hasta modernas y sofisticadas modalidades de transferencia condicionada de renta para los pobres. El Foro Social Mundial surgió hace 10 años, para condensar un conjunto de formulaciones dispersas y practicas aisladas, que buscaron establecer un antagonismo a esta construcción política. Decretó entonces, que "Otro mundo es posible”. Este cemento básico aglutinó a un conjunto diverso, heterogéneo, discrepante, pluri-étnico, multicultural, políticamente proveniente de diversas corrientes filosóficas, con integración de grupos confesionales y religiosos, incluyendo a todo tipo de actores sociales, sindicatos, movimientos, ambientalistas, pueblos indígenas, minorías, naciones sin estado, orientaciones sexuales, y diversidad de todo tipo; también bajo formas nuevas tales como iniciativas, experiencias, formulaciones, y prácticas populares. Todo este conjunto colocaba un problema metodológico fundamental: ¿Cómo dar sentido de continuidad a una expresión como ésta? Algo que facilitó la tarea, fue el territorio en el cual surgió. Brasil, que en su propia identidad –y extensión territorial-, ya se planteaba problemas similares. Lo otro, fue que desde un inicio se establecieron reglas de funcionamiento del FSM, codificadas en su Carta de Principios, que definía al Foro a la vez como un “espacio” y un “proceso”; de modo alguno como una entidad. Lo que permitió que esta variedad no se fracturara y se expresaran todas las voces, ya que no se consignaba que de sus actividades se llegará a una exclusiva y única Declaración Final. Tampoco se propuso una carta de navegación demarcada para el rumbo del Foro, si este era una feria mundial, un movimiento político destinado a incidir en la política global, o un movimiento que apoyara a las fuerzas políticas internacionales más proclives a los fines de los participantes dominantes en el Foro, entendiéndolo más bien como un “proceso”. Esto no quitó que se avanzara en su estructura metodológica. Desde el año 2001 se impulsaron las llamadas actividades auto-gestionadas, las que si bien disponían de una capacidad democratizadora, traían consigo dificultades como un cierto riesgo de fragmentación temática. Ya que estas actividades autogestionadas se dispersaban sin capacidad de conexión ni dialogo entre ellas. Sin embargo, durante estos años, muchas articulaciones y alianzas se generaron. Poco a poco se avanzó en la generación de ejes temáticos que ordenaban en el FSM los intereses, luchas y áreas de preocupación. Finalmente se ha innovado en lo que se llama el trabajo del último día del FSM: donde se efectúan las Asambleas por movimientos, y desde el FSM de Belem do Pará, concluye con una actividad central denominada “Asamblea de las Asambleas” (en la cual cada Asamblea entrega sus conclusiones, declaraciones finales, planes de acción, llamados, etc.). Para este año de actividades descentralizadas, se han incluido nuevas innovaciones como la de articular al conjunto de eventos deslocalizados, con la comunicación de ideas fuerzas o comunicados que son transmitidos por representantes, de actividad en actividad. Esta reflexión sobre los avances en la operación y funcionamiento del FSM no nos puede hacer olvidar del contexto, que nos vuelve a la realidad de golpe, con los desastrosos efectos del terremoto en Haití en un país ya afectado por desastres de orden social, político y por la pobreza ancestral de un estado fallido. Junto a ello el golpe de estado en Honduras, su evolución que impone una salida sin legitimidad democrática; así como eventos electorales en que los llamados “gobiernos progresistas” están comenzando a ser escrutados por la ciudadanía. La crisis financiera global, la crisis de cambio climático y el fracaso de la reunión de Copenhague, terminan de establecer este cuadro, que da un balde de agua fría a quienes creían o auguraban un camino fácil. La disputa que reseñábamos al comienzo por las orientaciones que asuma finalmente el Foro Social Mundial, sin duda que permanecerá por bastante tiempo. Tal vez asumiendo de manera pragmática las dos orientaciones al mismo tiempo, y ello, sin generar demasiadas contradicciones. Eso le permitiría mantener la unidad, junto con acercarse a los procesos políticos y de dialogo con las experiencias político gubernamentales que se están desarrollando. Debemos considerar de todas maneras que la fuerza del FSM reside en sus propias capacidades de construcción de nuevas simbologías. Si bien los avances son siderales en la construcción de agendas sociales, articulaciones, luchas y movimientos, todavía se requiere tiempo para llegar al momento de la maduración de propuestas políticas unitarias. Centenares de actividades autogestionadas, miles de personas venidas de todo el mundo, planteando sus demandas concretas y también sus utopías. Ha sido –en definitiva-, otra manera de comprender y practicar la democracia. Este es tal vez el gran valor del Foro Social Mundial y el movimiento que lo acompaña. Todavía el aporte y valor de éste no se encuentra en la exigencia de eficacia política y la materialización de acumulación de poder político; sino en esta idea más simple y más pedestre, pero que significa un avance enorme: connotar a la democracia como prácticas populares que se apropian de los territorios y devienen hacia un espacio global estableciendo un antagonismo.
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